Nº 3 · Revista digital
El terciado acompaña de forma habitual al trasplante de grandes olivos. Cambiar una práctica tan asentada llevará tiempo. Hay una mejora inmediata y realista: conservar siempre que sea posible una estructura útil de ramas que sirva de base para la copa futura. Las imágenes de este número muestran distintos puntos de ese proceso: desde una reducción intensa hasta la reconstrucción de una copa mediante poda profesional.
LA IMAGEN

El árbol que dejamos
La ilustración resume una escena conocida: un tronco de gran calibre, grandes cortes y una copa reducida a una estructura mínima. El olivo suele responder con vigor y emitir numerosos brotes después de una intervención así.
Esa capacidad de rebrote ayuda a explicar que el terciado se haya normalizado en el trasplante de grandes olivos. Interesa observar también con qué estructura reinicia el árbol su desarrollo. Cuanto más cerca del tronco se sitúan los cortes, más depende la nueva copa de brotes formados alrededor de heridas grandes.
Si se conservan ramas principales aprovechables, parte de la arquitectura original sigue disponible para conducir el crecimiento posterior. Ese puede ser el primer cambio de criterio: dejar estructura suficiente para poder trabajar con ella.
TEMA DE LA SEMANA
Hay margen para podar menos

El trasplante de un olivo adulto puede exigir poda. La extracción afecta al sistema radicular y el transporte impone límites de anchura, altura y maniobrabilidad. La intensidad de esa reducción debería responder a las necesidades reales de cada ejemplar y de la operación.
Cuando el trasplante puede planificarse, la preparación previa del sistema radicular mediante repicado forma parte de las operaciones que condicionan su viabilidad y la formación de un cepellón funcional. Es un aspecto que merece atención propia y que abordaremos con detalle en un próximo número.
En la práctica, el terciado se ha convertido muchas veces en una solución estándar. El olivo suele responder a podas muy severas con una brotación vigorosa, de modo que el resultado inmediato puede parecer satisfactorio. Esa respuesta, sin embargo, no recupera la estructura eliminada: se han perdido hojas, ramificación y buena parte del armazón sobre el que podría organizarse la copa futura.
Conservar longitud y ramificación en los ejes principales tiene valor fisiológico y estructural. El árbol mantiene más superficie funcional y, al mismo tiempo, dispone de puntos de partida mejor distribuidos para los nuevos crecimientos.
Las fotografías de estos ejemplares muestran ese punto intermedio: árboles muy podados que todavía conservan ejes y ramificaciones aprovechables para la futura copa. Ante una práctica tan extendida, podar menos ya supone avanzar.
CASO PRÁCTICO
Conservar estructura para formar la nueva copa

En este ejemplar la copa se ha reducido de forma intensa, pero los cortes no se han llevado sistemáticamente hasta el tronco. Permanecen ramas principales de cierta longitud y varios puntos desde los que podrá organizarse el crecimiento posterior.
La reconstrucción de la copa debería comenzar pronto. Los brotes con mejor posición pueden convertirse en futuros ejes; los competidores pueden reducirse de forma progresiva y la carga puede distribuirse antes de que esas ramas alcancen grandes diámetros.
Este enfoque permite que las podas posteriores sean de formación, con cortes pequeños y objetivos concretos. Cuando toda la estructura se elimina durante el trasplante, el trabajo posterior parte prácticamente de cero y depende de una brotación muy concentrada alrededor de los grandes cortes.
Para una práctica ya implantada, conservar más estructura ofrece una transición razonable: puede ser compatible con las limitaciones logísticas del trasplante y mejora el punto de partida del árbol.
CONSULTA
¿Basta con que el olivo vuelva a brotar?

No. Una brotación abundante muestra capacidad de respuesta, pero no garantiza que la nueva copa quede bien organizada.
Después de grandes cortes pueden aparecer numerosos brotes muy próximos entre sí. Si todos progresan, algunos acabarán convertidos en ramas de gran tamaño que compiten por el mismo espacio y concentran carga en zonas reducidas de la estructura.
La fotografía muestra una rotura en un olivo adulto. Por sí sola no permite atribuirla a un terciado anterior. Sí ayuda a recordar qué debe vigilarse con los años: inserciones, distribución de ramas, cargas y evolución de las zonas donde se produjeron grandes cortes.
El seguimiento profesional conviene iniciarlo mientras los nuevos ejes todavía son pequeños. Seleccionar, subordinar y espaciar a tiempo permite formar la copa sin regresar periódicamente a podas severas.
MISCELÁNEA
Del olivo terciado a un árbol de calidad

Este caso completa el recorrido. El olivo fue terciado durante su trasplante y años después presenta una copa amplia, bien estructurada y con una presencia clara en el espacio urbano.
El resultado se explica por la gestión posterior. La poda profesional ha ido seleccionando y conduciendo los nuevos crecimientos hasta reconstruir una copa funcional. El caso muestra que una intervención inicial muy severa no impide necesariamente obtener después un ejemplar de calidad.
También señala el trabajo que puede evitarse si el trasplante conserva desde el principio una estructura mejor. Cuanto más aprovechable sea la estructura que permanece, menos habrá que reconstruir a partir de brotes nuevos.
Para los próximos trasplantes conviene conservar más estructura. En los olivos ya terciados queda un amplio campo de mejora mediante poda de formación. El primer cambio puede ser sencillo: dejar suficiente árbol para poder trabajar con él.