Nº 10 · Revista digital
El otoño cambia el aspecto de nuestras calles y también permite observar cómo responden los árboles a las condiciones ambientales. El color de las hojas, la fecha de su caída y la arquitectura que aparece cuando la copa queda desnuda ofrecen información útil para la arboricultura.
LA IMAGEN

El otoño también se observa
El otoño modifica profundamente el aspecto de las calles arboladas. Los verdes dejan paso a los amarillos, ocres y rojos, cambia la entrada de luz y, finalmente, las ramas desnudas descubren una arquitectura que permanecía oculta.
Esta transformación tiene también una dimensión emocional. Los colores, la luz y la sucesión de las estaciones influyen en nuestra percepción del paisaje. Algunos estudios experimentales han encontrado respuestas psicológicas favorables ante paisajes otoñales coloreados, aunque sus resultados no pueden generalizarse a todas las personas ni situaciones.
Esta dimensión también aparece en Miradas al árbol (Asociación Española de Arboricultura, 2022), que reúne fotografía, ilustración, poesía y divulgación científica para explorar distintas formas de observar los árboles.
La diversidad estacional constituye un valor paisajístico que merece considerarse al seleccionar especies para la ciudad.
Para el arboricultor, el otoño ofrece además una oportunidad de observación. La fecha, intensidad y distribución del cambio de color, junto con el ritmo de caída de las hojas, aportan información sobre el funcionamiento del árbol.
TEMA DE LA SEMANA
Cómo y por qué otoñan los árboles
En muchas especies caducifolias de climas templados, el acortamiento de los días y las variaciones de temperatura activan los mecanismos que conducen a la senescencia foliar.
La degradación de la clorofila permite apreciar los carotenoides, responsables de buena parte de los tonos amarillos y anaranjados. En determinadas especies se sintetizan también antocianinas, que producen coloraciones rojas y púrpuras.
Durante este proceso, el árbol recupera parte de los nutrientes contenidos en las hojas y los redistribuye hacia otros órganos. Finalmente, una zona especializada de abscisión facilita su desprendimiento.
Esta secuencia forma parte de la adaptación de numerosas especies a los periodos desfavorables del año.
Pero el otoño no se manifiesta de la misma manera en todos los árboles.
En las especies templadas caducifolias suele producirse una pérdida foliar estacional bien definida. En otras, como determinadas hayas y robles, parte de las hojas secas permanecen durante el invierno: es la marcescencia.
Las especies perennifolias mediterráneas renuevan sus hojas progresivamente y algunas concentran una parte importante de esa renovación en primavera.
En numerosos árboles tropicales de bosques estacionalmente secos, la caída foliar depende principalmente de la disponibilidad de agua y puede producirse durante la estación seca, independientemente del otoño de las regiones templadas.
Cuando estas especies se cultivan fuera de sus hábitats originales, pueden modificar su calendario de crecimiento y renovación foliar. Algunas especies subtropicales muestran comportamientos variables según la temperatura, la sequía y las condiciones locales.

¿Está cambiando el calendario otoñal?
El cambio climático introduce nuevas variaciones en estos procesos.
Los otoños cálidos pueden retrasar la senescencia y prolongar la permanencia de las hojas. Por el contrario, las sequías intensas y las temperaturas extremas pueden provocar decoloraciones y defoliaciones anticipadas.
Ambos fenómenos pueden observarse en un mismo territorio y afectar de forma diferente a sus especies. En la ciudad intervienen además la isla de calor, las condiciones del suelo, el riego y la iluminación artificial nocturna.
Estas variaciones afectan a la planificación del arbolado. Los calendarios habituales de mantenimiento, plantación y seguimiento fenológico necesitan contrastarse con las condiciones de cada temporada y con el comportamiento real de las especies.
CASO PRÁCTICO
El color otoñal como indicador de salud

La fotografía muestra un árbol en plena transformación estacional. La coloración se distribuye por buena parte de la copa, aunque todavía conserva hojas verdes.
En una evaluación visual interesa comprobar si esta evolución corresponde al comportamiento habitual de la especie. La distribución de la decoloración, la densidad de copa, la longitud de los crecimientos del año y la posible presencia de ramas secas ayudan a interpretar el estado general.
La comparación con ejemplares de la misma especie y con observaciones de años anteriores resulta especialmente útil.

En el detalle aparecen lesiones que no deben atribuirse automáticamente a la senescencia. Podrían corresponder a una alteración foliar de origen biótico o abiótico.
Su presencia requiere comprobar la distribución de los síntomas y su extensión en el conjunto de la copa. Una hoja lesionada no permite establecer por sí sola un diagnóstico sanitario del árbol.
Tampoco una caída foliar anticipada indica necesariamente enfermedad. Puede constituir una respuesta fisiológica al déficit hídrico, aunque si se repite o aparece acompañada de pérdida de crecimiento y muerte regresiva de ramas merece una evaluación más detallada.
CONSULTA
¿Qué revela un árbol cuando pierde las hojas?

La caída de las hojas permite reconocer características estructurales difíciles de observar durante el periodo vegetativo.
La disposición de las ramas, las reiteraciones, las inserciones, los crecimientos anuales y las consecuencias de podas anteriores aparecen con mayor claridad.
También resulta más sencillo localizar determinadas ramas secas, heridas o alteraciones estructurales.
Conviene aprovechar este periodo para realizar una lectura arquitectónica del árbol y revisar su historial de crecimiento.
Sin embargo, la ausencia de hojas limita la evaluación de otros indicadores fisiológicos, como la densidad foliar, el tamaño y la coloración de las hojas. La observación invernal debe complementarse con la realizada durante el periodo vegetativo.
MISCELÁNEA
Cuando las hojas llegan a los servicios públicos
La caída otoñal afecta también a la limpieza viaria, el mantenimiento del drenaje y la movilidad urbana.
Las hojas húmedas pueden favorecer resbalones, obstruir sumideros y dificultar la evacuación del agua durante episodios de lluvia intensa. En las infraestructuras ferroviarias, su acumulación sobre los carriles puede reducir la adherencia.
La planificación municipal debe adaptarse a la intensidad y distribución de la caída, que no siempre coincide con los calendarios previstos.
El 4 de noviembre de 2026, el Ayuntamiento de Madrid adelantó una semana su campaña de recogida de hojas debido a la caída prematura observada en algunas especies tras las elevadas temperaturas del verano.
La retirada, sin embargo, no debe aplicarse con el mismo criterio en todos los espacios. En determinadas zonas ajardinadas, las hojas pueden permanecer en el suelo, participar en el reciclaje de nutrientes o aprovecharse mediante compostaje.
La gestión debe valorar las condiciones de seguridad, el funcionamiento de las infraestructuras y la conservación de la materia orgánica en el suelo.